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lunes, 26 de octubre de 2015

Dejar de ser

Las creencias irracionales son las grandes enemigas de aquellas personas que trabajamos con la mejora psicosocial de las personas. Nos enfrentamos a ellas como cazadores y no nos cansamos de combatirlas y eliminarlas día tras día, ¡Y existen tantas!
La creencia y convencimiento de que algo imposible pueda suceder, nos daña. En ocasiones dejamos a nuestra imaginación fantasear con los tal vez, algún día, quizás si hago esto... pero lo cierto es que en el fondo de nuestro corazón sabemos que las cosas no funcionan así. Lo peor de todo es saber que  algo nos hace daño y, a pesar de esto, seguir adelante. 

Vivir en la irracionalidad crea una realidad inexistente demasiado feliz y perfecta. Parece una opción fácil, una manera de que la vida no contenga sufrimiento. Pero recordemos algo, el día a día vivimos en la realidad, nos guste o no, ahí va a estar para darnos una torta bien merecida cada vez que la ignoremos.

Pero, ¿Qué es la realidad? ¿Cómo podemos salir ilesos de ella?

La aceptación es el único medio de felicidad. Así de simple. Cuando empiezas a aceptar la tu realidad tal y como es, la felicidad acude a ti. Al fin y al cabo, el sufrimiento no es más que la resistencia a aceptar nuestra realidad tal y como se nos presenta. Es la lucha en contra de lo que ES. Ningún héroe ha nacido aún que pueda luchar contra una esencia, contra algo que Es. 

Acepta, descubre cómo puedes desenvolverte en las circunstancias que la vida te ha dado. Juega las cartas que tienes en la mano, no las que crees que pueden repartirte en la próxima partida. Lo que tenga que venir, vendrá. Tu única preocupación es desarrollar el juego lo mejor posible, déjalo que fluya y acomódate a los vaivenes de tu destino.

Acepta que él no es. no va a ser, nunca ha sido. Tu generaste ese personaje. Él no quiere participar en esta película. Si quiere hacerlo, vendrá. Si tiene que aparecer, la vida lo pondrá en tu camino Pero no te equivoques con tu realidad. Ahora mismo, él no está. Déjalo ir. Déjate fluir.

domingo, 18 de octubre de 2015

Momentos en que...

A veces llega un momento en que te haces viejo de repente,
sin arrugas en la frente pero con ganas de morir.


Sin previo aviso, llega ese momento en el que te das cuenta de que las noches de fiesta ya no son lo mismo, que no das para tanto, que te has hecho toda una Señora (nótese la mayúscula). Ese momento puede llegar un domingo, a las 8:30 de la mañana, mientras te acuestas en una pensión de mala muerte y a 200 km de donde comenzó la fiesta el día anterior.


 No me llena, jamás me satisfará que 3000 personas quieran estar en la posición que tu habitas en mi vida. Lo único que puede ayudarme es que yo pueda habitar una pequeña parte de tu corazón, algún día, por algún tiempo, en algún momento.

Ya no quiero nada que no me des tú. Ya no quiero que nadie venga a salvarme, sólo quiero que tuúquieras intentarlo. Ya no valen los consuelos, las tiritas, los segundos puestos. Ya no vale Uno, si no El.


Mientras tanto hoy es domingo, cae un pilar. Domingo de resaca y desengaño.
Y por fin parece irremediable pensar que el destino que te espera es un camino solo apto para solitarios. 


¡Qué tierno y delicado es el amor equilibrado! Pero qué cruel se presenta cuando la balanza cede de un lado.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Peregrino

Vosotros pensáis que a mi me gusta estar lejos de mi país. Que no echo de menos todo cuanto dejé atrás. Que fui un cobarde por huir cuando las cosas se pusieron feas.
Y también pensáis que, por todo esto, no merezco otra oportunidad.

No soy capaz de contar los pasos que he dado. Cuando alguien me pregunta dónde voy, sólo sé decir "lejos". Ya no importa el destino, cuando el mundo se queda pequeño y lo único que persigues es la vida.

Mi sueño: despertar. Mi objetivo: Sobrevivir. 

A mi alrededor vuelan dardos envenenados. Ninguno consigue alcanzarme, yo no soy su diana. Sin embargo van pudriendo poco a poco las ramas del árbol por el que trato de escalar. En algún momento se desvanecerá del todo. Y yo caeré con él.

Nací humano en el país equivocado. Crecí pensando que era como los demás, que mi vida iba a ser de lo más normal. Estudié odontología, después tuve dos hijas: el plan seguía en marcha. Y ahora soy un nómada.

Hubo una época en que dejé de comprender a Dios y lo que hacía con nosotros.
Y ahora soy yo quien pregunta:
"Señor, ¿dónde voy?"