Últimamente no dejo de pensar en ti. Voy a buscarte a la habitación de al lado, descalza, provocando una reprimenda más que anunciada. Quiero contarte algo: al final lo conseguimos. Sé que vas a alegrarte y a dar gracias al cielo. Sé que llamarás a toda la familia y a gritos les darás la buena noticia. Me gusta verte hacer esas cosas. Me gusta verte feliz por nosotras.
Abro la puerta y tu aroma me sacude la cara. La habitación está vacía, pero yo te espero ansiosa, No puedo reprimir la emoción, te llamo y... teléfono desconectado, como siempre. A pesar de mi impaciencia, sé que en cualquier momento volverás.
Hora de cenar, alguien me susurra que hoy no vendrás a casa, que no te prepare nada. Lo había olvidado, tenías algo que hacer y será mejor que alargue mi sorpresa hasta mañana.
Al día siguiente me despierta otra vez su llanto en la ducha. Sé que te echa de menos, pero no lo entiendo, ¿acaso no sabe que pronto estarás con nosotros de nuevo? No hay nada de lo que preocuparse, nada ha cambiado. Es normal que quisieras ir a ver a tu marido, lo extrañas a menudo. Yo también lo extraño, pero él sí se fue para siempre. Tú volverás. El día menos pensado, volverás.
Verás qué emoción cuando te lo cuente, ¡no vas a parar de gritar! ¿Recuerdas cuando mi hermano te dio esta misma noticia? Ahora estamos todos en el mismo barco. Sé que te alegrarás. Como cuando era pequeña y me hiciste comprender que tu nombre no era sólo mamá.
De noche me tumbo mirando al cielo, en realidad, todas las noches lo hago. No se lo digas a nadie, ¿vale? me da un poco de vergüenza. Hace ya unos meses que todas las madrugadas canto muy bajito una canción de la infancia: "Las estrellas te miran, ahí arriba tú brillas como la que más". Solamente entonces me atrevo a dar pie a la duda y preguntarme si será verdad lo que todos dicen, si es cierto que te fuiste al lugar del que nadie vuelve.
Pero no es posible. Tú volverás.
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